LA LLAMADA FATAL.../ ASESINATO DE MARÍA BELÉN BERNAL / ANTONIO MOLINA CASTRO

 
 
 
 
 
 

                         Nadesha Mosquera, en su cumpleaños, rodeada de sus compañeros de la academia.
 
 
 
 
 
La Patria boba
La llamada fatal…
Por ANTONIO MOLINA
 
Casi ya 420 años desde que William Shakespeare escribiera su tragedia “Otelo” donde Desdémona es asesinada por celos por el moro de Venecia, instigado por el perverso Yago; y, de esta forma, la creación literaria se da la mano con la ciencia psicológica para explicarnos las fuerzas interiores que nos llevan a consumar un crimen. ¿Si notarán los periodistas/escritores, que se ufanan de esa condición, la importancia que tiene la lectura?... 
 
Dejemos la mediocridad y vayamos a lo nuestro, a la llamada fatal… Si esa llamada no se daba a la media noche de ese fin de semana (del sábado 10 al domingo 11 de septiembre) a lo mejor aún la tendríamos viva a María Belén Bernal Otavalo, quien fue asesinada por su marido Germán Cáceres del Salto, dentro de la Escuela de oficiales Enrique Gallo de la Policía Nacional, en Pusuquí, al final de una trama de un culebrón rosa de los mejores exponentes televisivo; así lo dijimos el 16 de septiembre pasado.
 
Cáceres, oficial instructor de esa escuela, que se consideraba “Chicho bello” de la academia, engañaba a su esposa la abogada María Belén, de 34 años y madre de un hijo de ambos. Él se entendía abiertamente con la cadete Jocelyn Sánchez, quien en Pusuquí era tomada como la “amante oficial” del teniente Cáceres, pero éste se entretenía también con otras cadetes que vivían en el cuarto piso de la residencia de los estudiantes de la academia policial.
 
Aquel sábado 10 de septiembre era el cumpleaños N° 21 de otra cadete, la joven orense Nadesha Ivanova Mosquera Lozada, quien ofreció una pequeña reunión a familiares y compañeros de la academia. Nadesha y Jocelyn mantenían una gran amistad, pero ambas (a lo mejor sin mostrarse) mantenían relaciones sexo-afectivas a escondidas con Cáceres, quien llegó muy atrasado a esa reunión, porque en el día había disfrutado de un encuentro de fútbol y de unas copas con sus superiores. Pero llegó al cumpleaños de Nadesha Ivanova.
 
 
 

                                                      Nadesha y Joselyn, quienes se entendían con Cáceres.
 
Obviamente, todas las atenciones de Germán fueron para la cadete Sánchez, su amante “oficial” pero tampoco descuidó a Nadesha, con quien bailó, conversó e intercambió algunos besos y arrumacos –con las debidas precauciones— y permaneció más tiempo junto a Joselyn hasta que terminó la fiesta. Cáceres se retiró primero porque supuestamente estaba de guardia y Jocelyn se quedó hasta el final, porque estaba “franco”; pero, dijo que se iba a la escuela a seguir farreando con Cáceres. Esto lo confirman los videos que existen del ingreso de ambos, por separado, a Pusuquí. La frase clave la dijo Joselyn: “Voy a seguir farreando con Germán”. ¿Dónde?... en la academia, que también estaba de fiesta, en la habitación del instructor, el conocido nidito de amor de ambos.
 
Aquí aflora el síndrome de Otelo, que crea cuadros de celotipia y de conductas violentas. Nadesha debe haber obtenido esa noche el número del celular de María Belén –del mismo celular de Germán o de boca de Joselyn—la llamó y la invitó a comprobar con sus propios ojos en brazos de qué cadete estaba su marido, el teniente Cáceres. Los celos de Nadesha, relegada en su cumpleaños, producen sentimientos que subyacen en su interior, como la inseguridad, la inferioridad, la baja autoestima, el miedo, la dependencia emocional o la posesividad. Hasta suele decirse que expresó: “mío o de nadie”.
 
 
 

                                      Nadesha Mosquera habría hecho la llamada fatal a María Belén Bernal.


 
 
Ella hace la llamada fatal y María Belén hace lo suyo, lo que contó Shakespeare hace más de 400 años. La reacción que produjo fue psicótica porque Cáceres ya estaba envuelto en el delirio, avivado por el alcohol, que desató la violencia convertida en trastornos, todos juntos, ansiedad, depresión, irritabilidad, ira incontrolable con la pareja y el entorno, las palabras y los gritos rompen con la paz, hasta que llega la muerte e impone el silencio. Entonces, ya no hay espacio para una relación libre de celos, en donde haya honestidad, confianza, respeto mutuo y cariño.
 
No se trata del clásico triángulo amoroso. Son cuatro seres humanos en busca de afectos, donde la pasión se impone, como ocurrió desde las tragedias griegas hasta las inglesas, escrita por Shakespeare. A la Fiscalía General del Estado le corresponde contarnos completos los entretelones del culebrón de María Belén, incluido el manoseo político del tema en la Asamblea Nacional.
 
 


 

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