AMOR SE ESCRIBE CON H / EDITORIAL DE ANTONIO MOLINA CASTRO
El Dr. Luis Lasso Pacheco, dando clase de solidaridad experimental.
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La Patria boba
Amor se escribe con H
Por ANTONIO MOLINA
Pretendo resaltar el trabajo solidario y honesto de un médico como Luis Fidel Lasso Pacheco, quien no se quedó en el montón de la mediocridad y entregó los mejores años de su vida a la medicina ejerciendo ese sacerdocio incomprendido de luchar contra la muerte ajena, aun a riesgo de la propia. Hoy está luchando contra ella y por su vida propia, sin dejar de pensar y sentir en el prójimo, preocupado por un país indolente y ajeno, abrazado a una familia que él la convirtió en santuario y sintiendo en carne propia la llaga purulenta que dejan el utilitarismo y la politiquería en lo que debería ser un sistema de salud pública en el Ecuador.
Por NO pertenecer a esas instituciones gremiales lambisconas que reparten homenajes – prepagos, puedo hablar de Lucho Lasso que alguna vez se definió como “amigo del necesitado” cuando atendía su consultorio popular e instruía en solidaridad, con la práctica, a jóvenes médicos y enfermeras que nacían al profesionalismo. Esa postura nunca la dejó a un lado… Alguna vez lo acompañé a una visita a la señora Petita, una humilde mujer suburbana que se había “tronchado” el pie; mientras él atendía y recetaba me quedé en su carro; cuando regresó estaba contento, creí por la paga de esa consulta a domicilio pero me explicó que su alegría se debía a que la señora respondía al tratamiento y supe entonces que le habían pagado 7 dólares por la consulta… Lucho aclaró “NO me pagó por la consulta, me dio para la gasolina”, que es una hermosa manera de disfrazar la solidaridad, ausente y ajena en los médicos utilitarios.
Graduado de cirujano-ortopédico en la Universidad de Guayaquil y con post grado en Estados Unidos y en México, fue Director del desaparecido hospital de LEA, coordinó el salvataje médico-social durante el fenómeno de El Niño en 1997-98, fue subsecretario de salud en crisis por epidemia, asesor de la Dirección Provincial de Salud y atendió las emergencias por accidentes de tránsito, habiendo sido atracado por la institución que cobraba las primas, pero NO pagaba a los médicos traumatólogos.
Fue compañero de labores en MERIDIANO porque haciendo un alto a sus labores de médico también le preocupaba –y aún le preocupa—el destino del país, más allá del pesimismo y la esperanza. Escribía de política social y no dejó de rescatar figuras de la medicina ecuatoriana que el tiempo las hundía en el olvido. Conversar con él era como abrir un anecdotario nacional: su mente guarda vivencias y ejemplos de personajes de la Medicina, la Política y de la gente del llano, la de pie, de la que no se olvida…
Lasso tiene un modo muy personal de escribir sus historias para el lector común. Rompía reglas gramaticales, seguramente, pero se hacía entender –y bien entendido— agolpando ideas sueltas, como aquella al autodefinirse, que me gusta tanto… "VIEJO vivido"... Divina existencia... Aventura de TRIUNFADOR... con... Cenizos y canas... de Aureola flacidez y arrugas... su tiempo parsimonia y prudencia... experiencia talento y honor... LA JERARQUÍA.
Hoy, perdió su cabellera por la quimioterapia; pero, se da tiempo para escribir y grabar recomendaciones sobre sanidad pública al presidente Guillermo Lasso Mendoza (a quien NO le une parentesco alguno), porque él está viviendo el sistema de salud deprimente que nos agobia a todos. Hoy, hemos dejado de reunirnos para saludarnos o comer un sabroso caldo de bagre, pero no perdemos la esperanza de hacerlo para renovar esa vieja amistad que nos profesamos desde el consultorio, desde el periodismo sin periódico o en cualquier mesón de comedor popular que haya en la ciudad.
Por todo esto es que me he dado la licencia de apropiarme del título de un libro de la escritora quiteña, María Fernanda Heredia, “Amigo se escribe con H” para darle mi humilde mensaje a un Gran Médico, a un Gran Señor, a un Gran Amigo, postrado en cama. Creo que es urgente hacerlo en este mundo poblado de reptiles.

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