AL FIN PUDIMOS DESPEDIR A NUESTRO HERMANO CARLOS GONZÁLEZ ÁLVAREZ

A DOS MESES DE SU FALLECIMIENTO.

A los dos meses del fallecimiento de mi querido hermano Carlos González Álvarez, pudimos reunirnos toda la familia para efectuar un pequeño homenaje al ser querido que fue al encuentro con Dios, sin  honras fúnebres, ni acompañamiento digno al cementerio, para que descanse en paz.

Luego de una visita al principal panteón guayaquileño, donde duerme el sueño eterno junto a nuestra madre Victoria Álvarez Montesinos, nos dirigimos a su domicilio para escuchar una misa ofrecida por un sacerdote de la localidad y rezar por el eterno descanso de su alma.

Así entre rezos, recuerdos  y llanto de los presentes, nos despedimos con un hasta luego, dirigiéndome a la familia  con esta nota: 

QUERIDOS HERMANOS Y SOBRINOS

Nos hemos reunido para recordar con infinita tristeza la partida del padre amado,  abuelo inconfundible, esposo responsable, hermano admirable y guía de todos nosotros, nos referimos a  CARLOS GONZÁLEZ ÁLVAREZ, quien acudió al llamado del Todopoderoso, aquella noche  del 17 de abril, hace dos meses.

Desgraciadamente una peste mortal que está acabando con los hijos de Dios en el planeta, se encargó  de llevarlo hacia al Creador del Cielo y de la Tierra, sin poder despedirnos y sin darte un último adiós digno, como se despide a todo ser querido.

Por eso  estamos aquí en su casa, para decirle un hasta luego como te mereces. Aquí está tu familia para demostrarte cuán grande fuiste y lo serás.

A continuación breves anécdotas de su existencia:

Mi hermano, aquel con el que compartí grandes momentos de mi vida, desde la niñez hasta poco antes de su fallecimiento, tenía sus aciertos, errores y rabietas.

Fuera de eso, fue un tipo alegre, conversador, le encantaba la lectura y leía  periódicos, desde la portada, hasta los avisos clasificados, por eso dialogábamos sobre muchos temas.

Su música preferida fueron los pasillos y boleros de Julio Jaramillo. Desde joven, le encantó JJ,   imitaba su voz,  por ello  participó en un concurso en el Teatro Salinas de ese balneario, no ganó pero obtuvo el afecto del público.

Su otra faceta fue de futbolista y enamorador, vaciló con varias  chicas de los barrios en que vivimos, especialmente en el Barrio Orellana, cuando este sector era residencial.

Carlos  fue creciendo, todos fuimos creciendo, hasta que viajó a esta ciudad a trabajar en PICCA para ayudar en la casa, pasaba de lunes a viernes en Guayaquil y el sábado retornaba a Salinas. Recuerdo con mucho cariño los regalos que nos llevaba: zapatos 7 vidas, que era una sensación para la gente pobre en esos años.

Meses después la familia completa, acompañamos a nuestro padre que venía a cumplir labores de albañilería y mientras él reconstruía la villa del Mayor Egberto García Solórzano, los más chicos estudiábamos y los mayores salían a buscar trabajo.

Causaba admiración para nuestros padres, que Carlín, como le decíamos cariñosamente, madrugaba a buscar trabajo, pedía el valor del periódico  y regresaba en la tarde “cansado” de no haber encontrado nada.

Era que mi hermano, se  pasaba leyendo  el periódico  en el parque  Centenario, lo releía y agotado de esto, se daba sus vueltas por el centro de la ciudad y retornaba.

Es largo  comentar las anécdotas, pero mi hermano Carlos, Chupita, Flint, Carlucho o Carlín, era una persona sencilla, eso sí le gustaba vestirse y peinarse bien, además de “bañarse” con perfume.

Trabajó también en el oficio de mi padre y en otras partes, como la Municipalidad de Guayaquil, hasta que llegó a la Universidad, donde nos hemos jubilado casi todos los 5 hermanos. Debo manifestar que todo lo que tenemos lo conseguimos por esfuerzo propio y producto de nuestras labores.

Aquí están sus hijos: CARLOS, PEPE, MARIUXI y MIGUEL GONZÁLEZ ORDÓÑEZ,  GISELLA, CARLOS y FERNANDO GONZÁLEZ ESPÍN, CAROLA y JONATHAN GONZÁLEZ FALCONÍ, no soy nadie para juzgarlo, pero  mientras vivió, se preocupó por todos.

También están con nosotros William, César, Galo, Haydee y Yolanda, en este sencillo homenaje a quien se nos adelantó en el viaje eterno.

Él desde el cielo junto a Dios y nuestros inolvidables padres, a quien siempre recordaba con cariño,  nos protegerá, de eso estamos seguros.

Queridos hermanos y sobrinos, no hemos tenido la oportunidad de darnos un abrazo de condolencia, por el motivo que es de conocimiento ciudadano, pero les pido de corazón, tratemos de estar unidos en este duro episodio que estamos  viviendo. Olvidemos rencillas y viejos resentimientos. Hoy es momento de estar unidos.

El sufrimiento de perder a su padre, y nosotros al hermano, nos ha causado mucho dolor, por ello es que para recordar su imagen les he entregado una foto para que ocupe un lugar especial en cada uno de sus domicilios.

Te prometo Carlos, hasta que Dios me permita vivir, estaré con mis hermanos y sobrinos, recordando tu partida, así como juramos cuando fallecieron  nuestros viejos.

Debemos ser grato con él y recordarlo en su cumpleaños, Día del Padre, y en todo momento para que mi hermano no muera, porque solo allí con el olvido, es que morimos de verdad.

Pido mil disculpas por no referirme a las madres de mis sobrinos, pero Carlín fue feliz, mientras vivió con cada una de ellas.

Descansa en paz hermano del alma, nos duele aceptar que ya no estarás con nosotros, pero ese fue el designio del Todopoderoso y hoy estás en su reino. ¡Adiós Carlín!

 

 

 

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