AGRADABLE BOMBARDEO / EDITORIAL DEL DR. AURELIO MALDONADO, MÉDICO, POETA Y EDITORIALISTA DIARIO EL MERCURIO DE CUENCA
AGRADABLE BOMBARDEO
Dr. Aurelio Maldonado Aguilar
Reconozco que soy un enamorado perdido de Cuenca, mi ciudad y cuna. La llaman Atenas del Ecuador y no sin motivo, pues es la más culta del país sin duda. Santa Ana de los cuatro ríos de Cuenca, fue su nombre de pila y como muy pocas ciudades del mundo, cuatro ríos emblemáticos la atraviesan con murmullo de espumas y regatos.
Talvez es la causa de la cantidad de poetas que la cantan y nuestro mismo dialecto tiene una melodía, propia, dulce y clara, por la cual, amigablemente los extraños dicen, que los cuencanos somos vacunados con aguja de vitrola. Agua, siempre el agua.
Es nuestra vida y muerte. Imposible pensar, tan siquiera, que este vital elemento se pierda o contamine. Tomamos un agua especial de un sabor eternamente conocido, pues apenas nos alejamos de la ciudad unos días, lo primero que hacemos de regreso, es tomar un cristalino sorbo de su néctar tan maravilloso, pues no necesitamos más que abrir el grifo y beberla, como en ningún otro lado del mundo.
Acabamos de pasar nuestras efemérides por todo lo alto y la ciudad se llenó de miles de extasiados turistas que, con arrobadas miradas, contemplaban con placer todo y probaban el sin número de bocados en su enorme culinaria.
Fuimos visitados por el presidente y altas autoridades de gobierno y un despliegue enorme de camiones y tanquetas militares fueron vistas en los alrededores y en espacial en las montañas del Cajas, de donde viene de sus lagunas, que son muchas, en especial de las Quimsacochas, nuestro néctar para calmar la sed.
Nadie podría decir que un bombardeo con misiles de alto calibre, desde tierra y con aviones de combate desde el aire, sea bueno, sin embargo torpedearon más de doscientas bocaminas de la minería ilegal y convirtieron en cenizas los campamentos de los hampones mineros.
Grato bombardeo.
Pues no permitiremos que maltraten y contaminen nuestros humedales. Nuestro alcalde, también en forma drástica clausuró las posibles vías de la antigua concesión y con razón, pues los terrenos que ocupaba la minera extranjera, no coincidían en nada, ni cercanamente, con las coordenadas de la escritura pública.
En su discurso de orden del cabildo, también levantó la voz vehemente en defensa de nuestras aguas y se condecoró, con enorme razón, a las guardianas del agua y de los cerros, mujeres valerosas que han luchado por décadas y solas en los montes con bruma y ventiscas.
Somos agua y por tanto la defenderemos con nuestros corazones y vida.

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