HUGO DELGADO CEPEDA ESCRIBIÓ LA BIOGRAFÍA MÁS COMPLETA DE ANA VILLAMIL
El Dr.HC. Hugo Delgado Cepeda, contándole al autor de esta nota, la investigación a la vida de Ana Villamil
Autora de la música del Himno de Guayaquil
DR. HC. HUGO DELGADO CEPEDA ESCRIBIÓ LA BIOGRAFÍA MÁS COMPLETA DE ANA VILLAMIL ICAZA, UNA MUJER NOTABLE
El Dr. H. C. Hugo Delgado Cepeda, periodista e investigador guayaquileño, fallecido a los 98 años de edad, escribió la Biografía de Ana Villamil Icaza, la egregia guayaquileña que nos dio las notas del Himno Oficial de nuestra ciudad, que tanto amamos y con tanto respeto escuchamos y cantamos al ver la gloriosa bandera listada celeste y blanco.
Su nombre, decía el Maestro, “desde mucho tiempo atrás, había permanecido casi desconocido entre los propios guayaquileños, porque la historia, a veces mezquina, no por ella misma, sino por quienes la escriben, lo habían dejado caer en el olvido, pese a que todos hemos seguido entonando la música inmortal que fluyó de su inspiración, su fe y su amor a Guayaquil”.
Fue por esas circunstancias, hace menos de 50 años, se propuso hacer una profunda investigación entre sus familiares y en documentos acerca de la vida de esta preclara pianista guayaquileña.
Por esto, el distinguido ciudadano Luis Noboa Icaza, su pariente, quien lo había atendido solícitamente en su hogar, la denominó “la biografía más completa de Anita Villamil”.
Lo que sigue es una síntesis de todo lo acuciosamente investigado años atrás y que lo publicó en la revista Cristal No.46 en el año 1991, aquí el reporte completo:
SUS PADRES E INSCRIPCIÓN DE NACIMIENTO.
Fueron los padres de Ana Villamil Icaza don Francisco Bolívar Villamil y Garaycoa, uno de los hijos del prócer José de Villamil, y la señora doña Isabel María Ycaza y Paredes, hija de don Francisco de P. Ycaza y de Isabel Paredes y Olmedo, sobrina del poeta e hija a su vez de Magdalena, hermana de Olmedo.
En el archivo parroquial de la Santa Iglesia Catedral de Guayaquil, que soportó los dos grandes incendios que arrasaron la ciudad en 1896 y 1902, se halló la partida de Bautismo de Ana Villamil Icaza, en el Tomo 23, página 247, de El Sagrario.
En ella se hacía constar que el arzobispo de Quito, ilustrísimo doctor Francisco Javier Garaycoa, su tío, que había arribado en esos días a Guayaquil, bautizó, puso óleo y crisma, a una niña nacida el 19 de enero de 1852, a quien se le dio por nombres Isabel Ana. Fueron sus padrinos en esta ceremonia religiosa su abuelo el general José María Villamil, y su tía, señora Rosa María Ycaza Olmedo, esposa que fue del vate guayaquileño, Cantor de Junín.
RESIDENCIA Y FAMILIARES EN GUAYAQUIL
Habitó en un pequeño departamento en una casa grande de madera, donde también vivían unos tíos que la querían mucho, en las calles Luque 203 y Pedro Carbo, esquina, en los altos de una bien instalada confitería, pastelería y heladería llamada Roma No. 2 de Nino Gotuzzo & Cía. lugar preferido de la sociedad guayaquileña de entonces, hoy se levanta un imponente edificio de cemento armado.
Ana Villamil fue nieta y ahijada del general Villamil, prócer de la gloriosa Revolución de Octubre, sobrina de la viuda del bardo del Guayas y también sobrina de él y de Magdalena Olmedo, hermana del prócer de la Independencia.
Fuer además sobrina nieta del arzobispo Lorenzo de Garaycoa y, por último, y esto es muy significativo, sobrina en segundo grado del héroe niño Abdón Calderón.
Su larga e ilustre estirpe en Guayaquil la constituyeron las familias Arzube-Villamil, Noboa–Icaza, Illingworth-Ycaza, Arellano-Arzube, Merchán-Arzube, etc.
EDUCACIÓN MUSICAL
Nació para ser una artista, desde muy pequeña se educó con entusiasmo en el teclado. Sus familiares se sorprendieron de su precocidad y de sus dotes musicales.
Anita Villamil Icaza fue alumna de piano entre 1864 y 1867 del insigne maestro concertista francés Antonio Neumane, compositor del Himno Nacional del Ecuador, director de óperas, de coros y de bandas militares.
Ana Villamil continuó cultivando el piano en la intimidad de su hogar, ya que este instrumento representaba para ella su vida misma, su razón de ser, y en el teclado hallaba lo mejor de su espíritu.
También sabemos que cantó admirablemente a dúo con una sobrina, por lo cual causaba la admiración de sus familiares.
Algunas personas pudientes y de la mejor sociedad de Guayaquil la animaron para que diera clases particulares de piano a sus hijas. En aquella época el piano era el instrumento favorito de la ciudad al igual que la guitarra española.
La señorita Villamil se vinculó de esta manera con distinguidos hogares y sacó aprovechadas alumnas en los años en que no existía otra forma de obtener educación musical.
AUTORA DE LAS NOTAS DEL HIMNO DE GUAYAQUIL
La pianista Ana Villamil Icaza tomó el poema de la Canción al 9 de octubre, escrito por el Dr. José Joaquín de Olmedo, no se sabe si a solicitud del cabildo o por propia iniciativa, para ponerle música.
Se cree que la música data más o menos del año 1894, pero otros investigadores piensan que la hábil y eminente pianista la compuso probablemente en la segunda década de este siglo.
La composición es sencillamente sublime, inigualable. Su ritmo es marcial, sus notas suaves, su entonación delicada y cuando se toca se ensancha el pecho de los guayaquileños. En 1916, año de su fallecimiento, ya se cantaba por todas partes este bello salmo cívico.
VIDA EJEMPLAR
Anita, baja de estatura, piel blanca, sonrosada, pelo negro, ojos claros y boca pequeña, de ilustre linaje; aunque descendiente de próceres de la Independencia, fue verdaderamente humilde y sencilla en el hogar, sin bienes de fortuna, pobre si se quiere, muy piadosa, conservadora en sus costumbres y de grandes atributos morales.
Tuvo siempre que sobrevivir de su trabajo honrado, constante y esforzado de profesora de piano y canto.
Fue, además, de gran espíritu cívico, inteligente, de agradable conversación, delicada, de fina sensibilidad, generosa, maestra de verdad que sirvió a la juventud de Guayaquil.
ACTUACIONES ARTÍSTICAS
Tuvo presentaciones solicitadas en la mayor parte de las veladas artísticas de entidades culturales de la época, en teatros y tertulias familiares de la élite de Guayaquil, logrando muchos aplausos y estímulos.
Es que Ana Villamil, ponía toda su alma de concertista en sus interpretaciones, exteriorizaba a raudales un torbellino emocional y quienes la escuchaban se sentían conquistados por su pasión artística y espiritual.
Tocó además el armonio, pequeño órgano de fuelle que se hacía funcionar con los pies, por esta circunstancia intervino algún tiempo por propia voluntad en las misas de réquiem, bodas y otros actos religiosos en las iglesias de La Merced, San Francisco, El Sagrario y La Catedral, en interpretaciones de música sagrada de Wagner, Mozart, Shubert, del ecuatoriano Ascencio de Pauta, etc.
PROFESORA DE CANTO
El Concejo Cantonal de Guayaquil, notando su constante preocupación artística, se valió de sus servicios profesionales para que cultivara las inclinaciones musicales de los educandos de sus escuelas como profesora de Canto.
Así sus dones artísticos llegaron hasta la clase estudiantil en una obra social de excelentes beneficios para su ciudad natal.
Dedicada al noble apostolado del Magisterio, en el que demostró su gran cariño por la infancia guayaquileña, le sorprendieron los últimos años de su existencia.
SU MUERTE
Esta virtuosa y noble dama murió en su ciudad natal, en la casa de madera que está situada en 10 de agosto 419 y Chimborazo, esquina, el 28 de octubre de 1916, a los 64 años de edad.
Sus restos mortales descansan en la pequeña bóveda No. 303, en el Cementerio general de Guayaquil, muy próxima a la del general José de Villamil, su abuelo y padrino, y otros miembros de su respetable familia.

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